sábado, 4 de junio de 2016

Cuando camino, solo camino.


Hace poco tiempo, recién recuperada de una lesión en mi rodilla izquierda, tomé consciencia de lo maravilloso que era poder caminar, algo que daba por sentado antes de la operación. Cada  nuevo paso, era una bendición. Comprendí que hasta ese momento había caminado en forma mecánica,  mi mente en el pasado o en el futuro: recordando, rumiando, planificando.  Mis pies y mis piernas solo eran un medio de transporte para llegar a algún lugar. Decidí entonces hacer una pausa y observar mi caminar.

La rutina de caminar con consciencia cambió el ritmo de mi vida cotidiana. Caminar de mi cuarto a la cocina, de la puerta de calle al auto, desplazarme por una calle llena de gente o un bosque  podía ser un impulso mecánico o, si me enfocaba,  un acto sagrado, sanador, paso a paso.


Descubrí durante este proceso que caminar es una meditación en acción,  un acto sencillo, cotidiano e ineludible. Una vuelta a casa con cada paso. ¿Cómo? Solo prestando atención a la respiración y al contacto de mis pies sobre la tierra. Permitiéndome vivir en el aquí y ahora. Caminando, simplemente  caminando. Sin hablar, sin pensar,  enfoco mi atención en la respiración y en el ritmo de mis pies. Cuando camino en forma consciente, mi mente descansa, mi cuerpo se relaja; no hay pasado ni futuro, solo un camino que se despliega al andar - paso a paso.

Maria Giacobone